Una vez decidido esto, cada miembro de la plantilla elige parcela en Las Rozas donde se construirá un humilde chalet de tres plantas y quince hectáreas de terreno, color para el deportivo y moluscos que quedarán estratégicamente adheridos a la palanca de cambios del mismo.
Posteriormente, llega la difícil elección de las gafas de sol que, permanentemente llevaremos puestas siempre que no juguemos algún partido, luzca o no el sol.
Finalmente, acudiremos a un salón de tatuaje para no dejar más de 20 centímetros de piel sin cubrir y nos confeccionaremos unos auriculares con las mitades de una sandía para escuchar hip-hop y/o flamenquito durante las largas y tediosas concentraciones rodeados de las incomodidades del Ritz.
Una vez completado todo este proceso, podemos sentirnos jurgolistas.
Sólo nos hace falta una equipación.
En la imagen que acompaña este artículo tenéis las que fueron nuestras opciones.
Llamándonos La Mirinda Mecánica, ¿adivináis cuál fue nuestra elección?
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